Instalado el telescopio que Rodolfo Llinás donó al Observatorio Astronómico Nacional

El Observatorio Astronómico Nacional de Colombia (OAN) recibió el telescopio que el neurocientífico Rodolfo Llinás donó a la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), un instrumento que llevará su nombre y que servirá para fortalecer la formación y la investigación astronómica en el país. “No imagino un mejor lugar para tener el telescopio que Colombia ¡van a ver lo que nunca se ha podido ver!”, aseguró el científico, uno de los pioneros en el estudio del cerebro.

AgenciaUNAL 060326 01 b576cEl científico colombiano Rodolfo Llinás cortó la cinta con la que quedó oficialmente instalado el telescopio que donó al Observatorio Astronómico Nacional de la UNAL. Fotos: María Fernanda Londoño de la Hoz, Unimedios.

El telescopio reflector newtoniano tiene un espejo de 1,06 m de diámetro y 0,7 m de distancia focal, lo que lo convierte en el más grande instalado en Colombia. Su tamaño le permitirá captar objetos más débiles y lejanos que los que se observan con telescopios pequeños, abriendo la puerta a investigaciones como el seguimiento de asteroides y cometas o el estudio de variaciones en el brillo de las estrellas, observaciones que antes eran difíciles de realizar en el país.

Durante su instalación, el profesor José Ismael Peña Reyes, rector de la UNAL, agradeció el gesto del científico y destacó el impacto que tendrá en las futuras generaciones de astrónomos y científicos del país. “Doctor Llinás, hace unos cinco años el profesor Mario Armando Higuera, director del Observatorio, nos manifestó su deseo de aportar parte de su vida a la Universidad Nacional de Colombia. Esto es mucho más que ciencia; es el reflejo del amor que usted siente por su país y por esta Institución”, afirmó el rector Peña.

También subrayó que el telescopio será una herramienta para la formación científica del país. “En nombre del amor que usted siente por esta Universidad le agradeceremos eternamente este telescopio que servirá a las futuras generaciones de científicos”, expresó el Rector durante el acto realizado en las instalaciones del Observatorio.

Un ojo más preciso para observar el universo

El instrumento inició su recorrido en Estados Unidos, desde donde fue enviado por barco hasta Colombia, convirtiéndose en un regalo que contribuirá al desarrollo de la ciencia y la astronomía colombianas.

“El telescopio está especialmente diseñado para hacer observaciones nocturnas. En el Observatorio también hay telescopios para observación solar durante el día, pero son más pequeños y necesitan filtros especiales para que la radiación no los dañe”, explicó el profesor Santiago Vargas, del OAN, quien forma parte del equipo de expertos encargado del montaje del instrumento.

El investigador añadió que “una de las particularidades que hacen especial a este telescopio es el tamaño de su espejo: cuanto más grande sea el espejo de un telescopio más luz podrá recoger, y el que se instala hoy es el más grande del país, con el doble de diámetro del que teníamos antes. Con él podremos observar objetos débiles o poco brillantes como Plutón, así como otros planetas, asteroides, cometas, estrellas, galaxias o nebulosas”.

Sobre los proyectos que se podrán desarrollar con este equipo, el profesor Vargas señaló que estarán orientados a observar cómo evolucionan las estrellas y cómo varía su brillo, así como a seguir la trayectoria de asteroides cercanos a la Tierra —que a veces generan preocupación por su posible aproximación—, además de cometas y otros objetos celestes. Para ello se proyecta la adquisición de cámaras que permitan mejorar la captación de la luz en el telescopio.

En países como Estados Unidos, Chile, España y Australia, telescopios de alrededor de 1 m de diámetro han ayudado a descubrir planetas fuera del sistema solar, midiendo pequeñas disminuciones en el brillo de las estrellas cuando un planeta pasa frente a ellas. También se utilizan para monitorear estrellas variables y explosiones estelares, aportando información clave sobre la evolución de los astros y los fenómenos extremos como las supernovas.

Además, este tipo de telescopios suele integrarse a redes internacionales de monitoreo del cielo dedicadas a detectar y seguir objetos del sistema solar. Estos programas han permitido describir con mayor precisión las órbitas de asteroides cercanos a la Tierra y observar eventos transitorios que duran apenas horas o días.

El Telescopio Rodolfo Llinás se encontraba en su residencia de Estados Unidos, en donde el reconocido científico instaló un observatorio para disfrutar junto a familiares y amigos de la observación del universo. Desde que lo adquirió, en la década de 1990, fue considerado como el telescopio más grande en manos de un aficionado a la astronomía en ese país.

Por otro lado, el instrumento también servirá para realizar técnicas de fotometría y espectroscopia de alta precisión. La fotometría mide pequeñas variaciones en el brillo de los astros, permitiendo estudiar estrellas variables, supernovas y tránsitos de posibles exoplanetas. La espectroscopia descompone la luz en sus colores para identificar elementos químicos y propiedades físicas de las estrellas, estimar su temperatura y velocidad, y detectar gases o polvo en su entorno. Estas técnicas son fundamentales para comprender la evolución de estrellas y sistemas planetarios.

Formando astrónomos del futuro

Para el rector Peña, “contar con un telescopio de esta capacidad permitirá que investigadores y estudiantes del Observatorio participen en observaciones reales, aprendan a manejar instrumentos profesionales y analicen datos auténticos. Este tipo de experiencias es fundamental para formar nuevas generaciones de científicos en física y astronomía y fortalecer la investigación en Colombia”.

La donación también refleja la trayectoria y el compromiso del doctor Rodolfo Llinás con la ciencia en el país. Reconocido internacionalmente por sus estudios sobre el cerebro, la consciencia y la actividad eléctrica de las neuronas, se ha convertido en una de las figuras más influyentes de la ciencia colombiana. Sus investigaciones sobre la dinámica de las redes neuronales y el papel del tálamo en la percepción han marcado profundamente la neurociencia moderna.

El científico ha sido profesor de la Universidad de Nueva York, asesor de la NASA en investigaciones sobre el cerebro en condiciones de ingravidez y autor del libro El cerebro y el mito del yo, obra en la que explica que lo que llamamos “yo” es en realidad una construcción neuronal. Con su trabajo ha demostrado que desde Colombia se puede aportar al entendimiento profundo de lo que significa ser humano.

A lo largo de su carrera ha insistido en que el progreso de un país depende de invertir en conocimiento y formar investigadores. Por eso, más allá del valor material del telescopio, su gesto representa la posibilidad de poner al servicio del país una herramienta científica capaz de inspirar nuevas preguntas sobre el universo y fortalecer la astronomía colombiana.

Fuente: AGENCIA UNAL