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No basta con querer ser sostenibles: necesitamos aprender a liderarlo

No basta con querer ser sostenibles: necesitamos aprender a liderarlo

Acabo de terminar Liderazgo imperfecto de José Echeverri, el cual me dio varias ideas para escribir este artículo, conectándolo con un tema que me apasiona profundamente: cómo construimos comunidades que integren la sostenibilidad en su ADN, tanto en las organizaciones como en la sociedad.

Lo primero que quiero decir —porque es importante decirlo bien— es esto: la sostenibilidad no está fallando. Por el contrario, ha avanzado de manera significativa en los últimos años. Hoy muchas empresas quieren ser sostenibles, existen marcos globales que orientan el camino, la regulación empieza a alinearse y cada vez hay más equipos comprometidos con generar impacto real.

Hemos avanzado, y eso merece ser reconocido. Sin embargo, el contexto actual nos plantea un desafío distinto: no basta con avanzar, necesitamos acelerar. La conversación ya no está en si la sostenibilidad es importante, sino en cómo logramos implementarla con la velocidad, la profundidad y la coherencia que hoy exige el entorno.

Desde mi experiencia, he visto que uno de los principales retos no está en la falta de información. Las organizaciones hoy tienen acceso a herramientas, estándares y marcos sólidos. El desafío está en cómo esa información se entiende y se traduce en decisiones en todos los niveles de la organización. Muchas veces, la sostenibilidad sigue concentrada en ciertos equipos o áreas, sin lograr integrarse completamente en la cultura y en la operación diaria.

Esto no es un problema de intención, sino de apropiación. Cuando las personas no logran conectar la sostenibilidad con su rol, con sus decisiones cotidianas y con el negocio, el avance se vuelve más lento de lo que podría ser. En ese punto, la comunicación de la sostenibilidad deja de ser un ejercicio de visibilización y se convierte en una infraestructura clave. Su papel no es solo contar lo que se hace, sino facilitar el entendimiento, traducir la complejidad y lograr que más personas puedan actuar desde los temas que abarca la sostenibilidad.

Pero más allá de eso, el verdadero reto está en lograr que esa comprensión se convierta en algo colectivo. La sostenibilidad no avanza cuando la entienden unos pocos, sino cuando se convierte en una práctica compartida. Es ahí donde la construcción de comunidad cobra sentido: cuando las personas logran apropiarse de estos temas, conectarlos con su realidad y actuar desde su rol, la sostenibilidad deja de ser un concepto y se convierte en una forma de operar.

Aquí es donde el liderazgo se vuelve determinante. El libro Liderazgo imperfecto plantea un elemento que quiero conectar con el liderazgo para la sostenibilidad y que cobra un sentido aún más profundo: el líder debe darse el permiso de ser vulnerable. No como un gesto emocional, sino como una capacidad estratégica. En un campo como la sostenibilidad, donde las respuestas no siempre son claras y los desafíos son complejos, la vulnerabilidad permite reconocer lo que aún no entendemos, abrir conversaciones que no siempre son cómodas y construir soluciones de manera colectiva.

Permitirnos ser vulnerables en el contexto de la sostenibilidad nos permite abrir espacios para aprender y lograr que más personas participen en la construcción de soluciones. En ese sentido, la vulnerabilidad no es una debilidad, sino una capacidad que permite que los equipos evolucionen, se cuestionen y encuentren mejores caminos.

También es necesario ampliar la forma en que entendemos el liderazgo en sostenibilidad. Durante mucho tiempo se ha concentrado en ciertos roles o en figuras visibles dentro de las organizaciones. Sin embargo, en la práctica, la sostenibilidad se construye desde múltiples espacios al mismo tiempo: en las decisiones operativas, en los equipos, en la forma en que se gestionan los procesos y en cómo las organizaciones se relacionan con su entorno.

Y es precisamente en esa multiplicidad donde la comunidad se vuelve clave. Cuando la sostenibilidad se distribuye, cuando deja de depender de unos pocos y empieza a vivirse desde muchos, se fortalece. Se convierte en algo más resiliente, más real y con mayor capacidad de generar impacto.

Al final, creo que la pregunta no es si vamos por buen camino, porque hay evidencia de que sí lo estamos. La pregunta es si estamos dispuestos a hacer los ajustes necesarios para avanzar más rápido. Y esos ajustes no son únicamente técnicos. Tienen que ver con cómo construimos comunidad dentro de las organizaciones y más allá de ellas, cómo facilitamos el entendimiento y cómo habilitamos liderazgos más abiertos, más allá del “aplausómetro” generado por los medios de comunicación,  más colaborativos y más conectados con la realidad.

La sostenibilidad ya está en marcha. El desafío ahora es lograr que avance con la velocidad que el contexto requiere. Y para eso, el liderazgo tiene que ponerse al día, no desde la perfección, sino desde la imperfección, como lo explica José Echeverri en este grandioso libro titulado Liderazgo imperfecto: los cinco pilares del nuevo liderazgo.


La opinión expresada en esta entrada de blog es de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Pacto Global Red Colombia.

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