La validación solo ocurre en el intercambio, en la conversación que acorta distancias entre dos seres humanos. Sin embargo, eso que parece tan natural se ha vuelto un recurso escaso. La distancia entre las personas puede ser tan amplia como lo permita su visión. La distancia que existe hoy no se sujeta a lo físico y espacial, la distancia está en la capacidad de conversar.
La conversación no requiere recursos técnicos, y sí dominar el arte de reconocer al otro. En el contexto corporativo esa necesidad de conversar es evidente. Cuando el mundo empresarial se traslada a la escena comunitaria se peca por exceso en el uso de herramientas técnicas como el PowerPoint o el PDF. Se olvida que es más poderoso tomar una silla, sentarnos con el otro, mirarlo a los ojos y comenzar a hablarnos, a reconocernos, no desde lo que se quiere decir, sino desde una escucha atenta, genuina.
Ese momento, tan sencillo como profundo, nos recuerda que muchas veces la herramienta más poderosa de transformación social no es un presupuesto asignado ni un indicador técnico; es la disposición honesta de sentarse a la mesa sin un guion preestablecido.
Con las redes sociales y el acceso inmediato a la información hemos creado un entorno digital lleno de monólogos simultáneos, donde las empresas comparten mensajes, las comunidades lanzan exigencias, sin que existan puntos de encuentro real y en muchos casos, físico. Es tal la complejidad de la conversación, que preferimos vivir en nuestras propias burbujas constantemente validadas por los algoritmos. Es cada vez más difícil poner puntos diferentes sobre la mesa, cuando diariamente validamos en el mundo virtual nuestra visión del mundo y cerramos nuestros oídos a lo diferente.
Es aquí donde la conversación se encuentra con la legitimidad, con esa licencia social que solo se firma con la tinta de la confianza. Y la confianza es producto de la conversación constante, no es un diálogo perfecto, pero sí sostenido. La legitimidad no se compra, se cultiva en el intercambio de miedos, expectativas y propósitos compartidos.
Por eso, el reto del liderazgo actual y el verdadero valor está en la cercanía territorial, pero una cercanía que sea mental y emocional, no solo física. Conversar con el que es diferente implica poner en pausa nuestros diálogos internos, esos que juzgan en automático, que clasifican al otro bajo etiquetas preconcebidas y que levantan muros antes de que la primera palabra sea pronunciada. No olvidemos que conversar es también un acto de humildad.
La opinión expresada en esta entrada de blog es de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Pacto Global Red Colombia.
Comentarios